jueves, 5 de marzo de 2009

los procesos

1.
el escritor, pensando que él es lo mejor que le paso al universo desde que se extiguieron los dinosaurios, escribe en su cuaderno de notas, siempre sintiendo que cada palabra que surge, cada letra que dibuja con su lapicera es algo parecido a la divinidad mas pura, escribe, porque esta es la historia de un escritor, una situación que no le pasó, ni nunca le pasara admite para su mente, pero no para sus lectores, que sin dudas piensan que él, el ultimo escritor de vanguardia, de modernidad, lo único para que valen la pena tantos árboles destrozados, es la persona mas experimentada sobre la faz de la tierra, la que mas vivió, sufrió (porque los artistas sufren) y padeció cualquier cantidad de historias de esas que se pueden contar sin ningún tipo de problema ni pudor en la mesa de una gran cena o, lo que es lo mismo, en su próximo best-seller, su próxima genialidad, que esta a punto de salir mas pronto de lo que sus editores y él mismo suponían, porque su mente es algo increíble, algo imparable, su mente es invaluable y todos esos adjetivos que tratandose de él nunca estan de mas, penso de nuevo para su mente, claro, siempre tratando de que la mano escriba otra cosa, algo como esto, recién puesto el último punto, la última gracia:

Sus miradas son dudosas, como perdidas, pero a la vez curiosas, como un niño caminando por la jugueteria mas grande del mundo en vísperas de su cumpleaños número ocho. Ellos saben que un hotel es un hotel mas en su vida, pero tambien saben que cada hotel es, claro, un mundo en sí mismo, un universo paralelo, una vida que se puede dejar ahi nomas y que no pasa nada. El lugar, que los tiene como hipnotizados, tanto que deciden agarrase de las manos como esperando la aventura, parece algo digno de un dibujo animado: pequeñas casitas aisladas, una separada minimamente de la otra, todas pintadas de colores candentes, calurosos, todas llenas de personas en su interior, personas que tal vez se conozcan desde antes, quizas desde toda la vida, marido y mujer, guitarrista y fanática, hermana y hermano, esa clase de cosas. En algunas de las casitas, a traves de las ventanas que dan al frente, se puede observar una especie de luz azulada que sale de ellas, como si la televisión estuviese prendida. "Quizas esten viendo alguna porno", piensa él, pero no lo dice, porque todavia no conoce qué clase de humor debe manejar en presencia de ella, quien no hace mas que mirar de reojo a sus costados y fumar un cigarrillo tras otro.
Finalmente, el largo recorrido (que tampoco fue tan largo, pero, como saben, este tipo de recorridos, de estas caracteristicas, si me permiten esa palabra, siempre se alarga mas de lo que uno espera) concluye en una de las casitas, que definitivamente se diferencia de las otras, por estar mas expuesta, mas liberada de esos secretos que las otras seguro ocultan y sin duda por ese cartel en la ventana que dice "recepción". El muchacho abre la ventanilla antes de que alguno de ellos, todavia no habian decido quien lo iba a hacer, tocara el timbre.

-Bueno -- dice el muchacho sin mirarlos, poniendo toda su antención en su hamburguesa en parte y a su video juego en la otra-- son $150 la noche. ¿Tarjeta o efectivo?
-¿150 pesos? --dice él y sabe que lo que acaba de decir, no tanto por la pregunta sino mas bien por ese énfasis de tremenda sorpresa que le puso, acaba de hacerle perder un par de puntos en ese ping pong imaginario que vienen jugando su cerebro y su pene desde hace un par de horas.
-Si--dice el muchacho, aunque es obvio que no sabe a quén demonios le esta hablando
-Bueno--dice ella-- acá tenes --Y le deja dos billetes de cien pesos en el mostrador. Recibe el cambio y una llave. La número 22, dice un cartoncito decorado con forma de corazón, que ella agarra con muhca fuerza, desde la perspectiva de él, claro, que sin duda ve a este gesto como algo que le va a rondar mucho en la cabeza en las proximas horas. Y evidentemente algo le pasa a su cara que esta noche, desde que ella se le acerco a hablarle en la estación de servicio, no para de ser por demas gestual, por demas verdadera, poruque ella, justo despues de encender su cigarrillo número siete de la noche, le dice, mirandole a la cara y mirandose a los ojos, ambos, por primera vez con firmesa durante la noche:
-No te preocupes. Que no tengas para pagar no significa que no te tenga que cojer.
Y tira el humo por la boca.

2.
La camarera le trae la cuenta al escritor, quien decidio que era hora de parar tanta creatividad, de tanto desarrollo, que el dia recien empieza y hay que pasarsela escribiendo, aunque sabia que lo suyo era como una canilla abierta inagotable, una fuente imparable y empezamos de nuevo con todos esos adjetivos. Lo que acababa de escribir, sabia, era algo exquisito, joven, nuevo, con esa forma de narrar tan propia de él, tan de su estilo...algo que sus editores matarian por publicar. Pero, en fin, que esas cosas son del futuro y que ahora lo que importa es esto, el momento, el día, las palabras que se gestan en la mente, la tinta sin derramar en papel, las hojas que se van a llenar, los cuadernos que se van a acabar. Todas esas cosas. Ahora el escritor se para, se guarda su cuaderno en su bolso y se va del bar. Pasa unas horas mas tirado en una plaza, donde una troupe de jovenes muchachitas, con sus uniformes puestos, le hacen gestos, invitandolo con esa gracia tan titpica de los quince años a que sea complice de su escape del colegio. Piensa, porque su mente es algo que no para jamas, que esta situación, las jovenes, los uniformes, las miradas, la adolescencia, es un material esplendido para su nuevo libro, asi que saca un bloc de notas de su bolsillo y se topa con la cuenta del bar, que, ups, sumido en esta cosa de la creación se habia olvidado de pagar. "Que cosa", dice, mientras se toca la frente con la lapicera.

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